El entorno desempeña un papel constante en el deterioro del cabello, a través de agentes físicos, químicos y biológicos presentes en la atmósfera. Los factores externos del entorno que generan estrés oxidativo y degradación estructural en el cabello.
Causas ambientales principales:
1. Radiación ultravioleta La radiación solar, especialmente los rayos UVA y UVB, afecta tanto a la corteza como a la cutícula.
La radiación UVB induce la fotodegradación de la queratina, provocando rupturas en los enlaces disulfuro y pérdida de la resistencia mecánica.
La radiación UVA oxida los pigmentos naturales lo que lleva a un desvanecimiento del color en cabellos naturales y mayor alteración en cabellos teñidos. La exposición continua al sol produce reducción del contenido de cisteína y pérdida del brillo natural. Se forman radicales libres que dañan los lípidos estructurales de la cutícula, haciendo al cabello más seco, poroso y quebradizo.
2. Contaminación atmosférica Las partículas en suspensión (PM2.5, PM10), óxidos de nitrógeno, ozono y compuestos orgánicos volátiles (COVs) generan estrés oxidativo al depositarse sobre la superficie del cabello.
Estas partículas se adhieren al film hidrolipídico, lo alteran y aumentan la acumulación de la suciedad, promoviendo la necesidad de lavados más continuos, lo que a la vez provoca un mayor daño. Los contaminantes también pueden inducir inflamación del cuero cabelludo y obstrucción folicular, reduciendo la oxigenación y el crecimiento saludable del cabello. Exposición continua a ambientes urbanos contaminados está asociada con mayor fragilidad, opacidad y pérdida de elasticidad del tallo capilar.
3. Humedad ambiental cuando la humedad ambiental es alta, el cabello absorbe agua del ambiente, provocando hinchazón de la fibra, separación de las escamas y encrespamiento (frizz).
en ambientes muy secos, el cabello pierde agua por evaporación, volviéndose más áspero, opaco y susceptible al quiebre. Estos cambios repetidos provocan fatiga estructural, afectando la capacidad del cabello para mantener su forma natural (especialmente en cabellos rizados o tratados químicamente).
4. Viento, frío y calor extremos El viento aumenta la fricción entre fibras capilares y favorece el levantamiento de la cutícula, contribuyendo a puntas abiertas y encrespamiento.
El frío extremo contrae los vasos sanguíneos del cuero cabelludo, afectando la nutrición folicular y la síntesis de lípidos protectores. El calor ambiental elevado, especialmente cuando se combina con radiación ultravioleta, intensifica la deshidratación del tallo y la oxidación de lípidos y proteínas. Cambios térmicos bruscos, pasar de un ambiente frío a uno muy cálido, inducen tensiones estructurales en la fibra, deteriorando su integridad.