El daño mecánico deriva de fuerzas físicas que deforman, comprimen, traccionan o cortan las fibras capilares, provocando deterioro progresivo de la cutícula y del córtex.
Como causas principales del daño mecánico, encontramos:
1. Cepillado y peinado excesivo
La fricción repetida y con herramientas (peines y cepillos) inadecuadas, levanta y fractura las escamas de la cutícula y pérdida de la cohesión.
Esa misma fricción aumenta la carga electroestática y pueden desencadenar microfisuras en la corteza del cabello.
Los cabellos húmedos son especialmente vulnerables, ya que la queratina hidratada es más plástica y menos resistente.
2. Tracción
Peinados como trenzas muy apretadas, coletas altas o uso frecuente de extensiones ejercen una tracción constante sobre el folículo piloso.
Esta tracción prolongada puede inducir una inflamación perifolicular crónica que da lugar a alopecia por tracción, con daño progresivo del folículo e incluso fibrosis en fases avanzadas.
3. Herramientas térmicas
El uso de planchas, rizadores o secadores a temperaturas elevadas a 180ºC, desnaturaliza la queratina, provoca burbujas intracorticales por evaporación del agua interna y altera la organización de las fibrillas intermedias. A partir de los 155ºC, la queratina sufre una desnaturalización térmica y pérdida irreversible de estructura helicoidal.
Los lípidos se funden y volatilizan, lo que aumenta la porosidad y la fragilidad.
El daño térmico se traduce en pérdida de brillo, endurecimiento del tallo y mayor susceptibilidad al quiebre.
4. Fricción durante el lavado y secado
Durante el lavado o secado con toalla, el cabello mojado – más vulnerable por la hinchazón de la cutícula – Sufre fricción que puede levantar o fracturar las escamas.
Este daño acumulativo incrementa la porosidad, reduce la capacidad de retención hídrica del cabello y lo deja mas expuesto a agresiones externas.